Que la punta de mi lápiz se quebró y mi boli se niega a
soltar una sóla gota de tinta si es en tu nombre. Que mis manos se niegan a
hacerme caso si es para recordar un solo milímietro de tu cuerpo y en mis
recuerdos no eres más que una sombra. Lárgate despacio. No queda lugar para el
drama, ya no son necesarias lágrimas falsas que recorran una piel sin emociones;
no te esfuerces en hablar porque mis oídos hace ya tiempo que dejaron de
interesarse en tus vacías palabras.
-¿A qué hora empieza la función?
-Cuando perdamos la razón.