Ecos retumban en sus tímpanos y ya no es capaz de escuchar
con claridad. Nada cubre sus ojos salvo la experiencia y, sin embargo, parece
que tuviera un suave pañuelo de seda translúcida que le impide reconocer a
aquellos de los que cada gesto tiene grabado a fuego.
Déjame guiar tus pasos como tú lo hiciste con nosotros. Te
cogeré la mano con el mismo cariño con que tu lo hacías cuando nuestros pasos
aún eran inseguros, inciertos. Si hace falta repetiré las palabras tantas veces
como tú lo hiciste hasta que aprendimos a hablar.
Que no se apague esa sonrisa que se dibuja en tu cara cuando
te damos un beso.
domingo, 22 de abril de 2012
Era una nochecualquiera de un día aleatorio, de un mes que no viene a cuento y de un
año en el que nada importante ocurrió.La gente continuaba pasando a su lado. Gente sin rostro, para ella
solamente eran sombras que caminaban deprisa y no miraban a quien les pedía una
limosna. Ella permanecía allí, sentada en aquel banco de madera astillada. Con
cada vuelta del segundero de su reloj aumentaba su desesperación y se borraban
sus esperanzas. No entendía como había sido tan estúpida de creer que realmente
aparecería. ¿Qué importancia podía tener sobre el resto de personas? ¿Acaso
tenía algo que la hiciera diferente?
Pese a que las ganas de hacer algo martilleaban con furia en
su pecho no se dio por vencida. ¿Y si
aparecía? ¿Qué pasaría si la viera levantarse e irse? ¿Se acercaría para
agarrarla de la mano y demostrarle que estaba allí? No, no podía darle plantón.
Esperaría…
Aún hoy sigue esperando. Sigue anhelando una respuesta, un
camino acolchado sobre el que caminar descalza resulte fácil. Sigue esperando
flores de quien nunca se atrevió a mirar a la cara, del que huía cuando le
dedicaba una sonrisa o le ofrecíafuego
para encender su cigarrillo. No se ha cansado, sigue esperando, con el alma tan
astillada como el banco sobre el que se sentaba. Quién sabe si en algún momento
decidirá ser ella quien ofrezca fuego.
Puede que fuera la luz cegadora de la luna que abrasaba su piel la que la volviera completamente loca. La más suave caricia, el más tenue de los suspiros eran como cuchillos clavándose en su delicada piel, rasgando sus entrañas sin ningún tipo de piedad.
Cerraba herméticamente puertas y ventanas tan pronto como su sensible tímpano captaba la voz del sol anunciando que, en pocas horas, sus mortales rayos harían acto de presencia. Sin embargo esto no siempre había sido así..
Hubo un tiempo en que era capaz de caminar y reir acompañada de ese sol que, ahora, le provocaría poco menos que la muerte. En otra época adoró las caricias y suspiros en su nuca, en su cuello y cerca de su boca; todo eso fue antes de que las palabras contaminadas destruyeran todo lo que un día fue. Todo en lo que un día creyó.