Y no hay nada más que
hablar. Nos ha cogido por sorpresa, nos remueve las tripas y rompe las
ilusiones de un posible futuro cercano. Dos palabras que nos sujetan firmemente
de los hombros y nos zarandean, nos devuelven a la realidad y a la cola del
paro, nos devuelven a patear las calles, convencer de nuestras habilidades y
esconder los defectos.
“Sonría, asienta y siempre de las gracias”
Rómpete, destrózate por dentro, húndete en la miseria pero
no mientras estas aquí. Traspasa sentimientos y estados de ánimo a un cajón que
no abrirás hasta que termine tu jornada.
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