Vuelve a hacer frío. No importa que la chimenea siga encendida en algún lugar del corazón. Mis manos, mis pies y mi nariz parecen de hielo. Ya no hay nadie que las proteja. El gris es el dueño y señor ahora mismo, se alía con las bajas temperaturas, forman un ambiente de desesperación, impotencia, rabia, dolor… ¿Qué importa? Sé que el mundo sigue girando, se que todo sigue, que todo continua menos esto, porque no puede ser, ya no puede ser.
Todo se desmoronó quedando aún demasiadas piezas del puzle sueltas. Unos ojos que ya no miran, ya no ven, que tan solo dicen sentir. Otras manos que no calentarán las mías. Unos labios que dijeron “adiós” y los míos… los míos que no saben que decir pero que también lo dicen, lo repiten hasta la saciedad, se resignan, lo aceptan ¿Qué más pueden hacer?
"Duele el corazón cuando te lo dejas, cerca del final, donde todo empieza..."
ResponderEliminarNo lo digo yo lo dice Adolfo Cabrales.