Ecos retumban en sus tímpanos y ya no es capaz de escuchar
con claridad. Nada cubre sus ojos salvo la experiencia y, sin embargo, parece
que tuviera un suave pañuelo de seda translúcida que le impide reconocer a
aquellos de los que cada gesto tiene grabado a fuego.
Déjame guiar tus pasos como tú lo hiciste con nosotros. Te
cogeré la mano con el mismo cariño con que tu lo hacías cuando nuestros pasos
aún eran inseguros, inciertos. Si hace falta repetiré las palabras tantas veces
como tú lo hiciste hasta que aprendimos a hablar.
Que no se apague esa sonrisa que se dibuja en tu cara cuando
te damos un beso.

Diosss... cuánta actividad!! jajajaja
ResponderEliminarMe gustan todos los textos, pero sobre todo este último es precioso!! ^^
Muak!!