domingo, 22 de julio de 2012

Estamos de enhorabuena. Esto es lo que estamos consiguiendo.


No hay nada, no existe nada en todo el mundo más destructivo que el ser humano. No contentos con destruirnos los unos a los otros por medio de guerras absurdas y armas terroríficas, nos cebamos con todo cuanto nos rodea. Destruimos bosques y entornos naturales para levantar grandes urbanizaciones cuyas viviendas nunca serán ocupadas.  Provocamos heridas irreversibles con hedor a fuel en los mares, que lloran cada amanecer, cuando el sol ilumina la fosa común en que se ha convertido la costa.  Jugamos a lanzar cuanta porquería se nos cruce por delante a mares y ríos, como una olimpiada por ver quién es el más idiota. Nos creemos dueños y señores del suelo que pisamos, del aire que respiramos, del agua que bebemos y de los frutos que nos alimentan; nada más lejos de la realidad. De lo único que somos dueños es de un montón de escombros, de la contaminación que se nos mete en los pulmones y nos acabará asfixiando. Tan sólo nos pertenecen nuestros propios deshechos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario