No hay nada, no existe nada en todo el mundo más destructivo
que el ser humano. No contentos con destruirnos los unos a los otros por medio
de guerras absurdas y armas terroríficas, nos cebamos con todo cuanto nos
rodea. Destruimos bosques y entornos naturales para levantar grandes
urbanizaciones cuyas viviendas nunca serán ocupadas. Provocamos heridas irreversibles con hedor a
fuel en los mares, que lloran cada amanecer, cuando el sol ilumina la fosa
común en que se ha convertido la costa. Jugamos a lanzar cuanta porquería se nos cruce
por delante a mares y ríos, como una olimpiada por ver quién es el más idiota. Nos
creemos dueños y señores del suelo que pisamos, del aire que respiramos, del
agua que bebemos y de los frutos que nos alimentan; nada más lejos de la
realidad. De lo único que somos dueños es de un montón de escombros, de la
contaminación que se nos mete en los pulmones y nos acabará asfixiando. Tan sólo nos pertenecen nuestros propios deshechos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario